Como quitar el mal aliento

Hasta hace unos años, lo único que los médicos podían hacer para quitar el mal aliento era recomendar una buena higiene bucal. Pero en la actualidad están encontrando otros medios para combatir el trastorno, que generalmente es curable.

¿Sirven los enjuagues bucales? El mal aliento puede producirse siempre que la secreción de saliva es escasa. La boca contiene infinidad de bacterias que se alimentan de las proteínas presentes en los residuos de aumento y en el tejido que se desprende de la mucosa bucal. Dichas bacterias despiden gases malolientes, de los cuales los más fétidos son el sulfuro de hidrógeno (que huele a huevo podrido) y el metil-mercaptan0 (con olor a establo).

Las bacterias de la boca son anaerobias; es decir, prosperan donde no hay aire. Por eso la saliva, rica en oxígeno, las mantiene a raya. Pero mientras se duerme, por ejemplo, el flujo de saliva disminuye, y las bacterias productoras de compuestos sulfurados proliferan, provocando el mal aliento de la mañana.

Todo aquello que provoque resequedad bucal (las bebidas alcohólicas, el hambre, hablar demasiado, la congestión nasal, respirar por la boca al hacer ejercicio, etcétera) es causa de mal aliento. Lo mismo puede decirse del estrés, aunque todavía se ignora por qué.

La secreción de saliva disminuye gradualmente con la edad; por eso los ancianos son más propensos a la halitosis. En cambio, los bebés, que segregan saliva en abundancia y tienen relativamente pocas bacterias en la boca, se caracterizan por un aliento agradable.

En la mayoría de los casos, la halitosis por resequedad de boca es fácil de remediar. Comer o beber estimula el flujo de saliva y arrastra buena parte de las bacterias al estómago. Para acabar con el mal aliento matutino generalmente basta con desayunarse.

Quienes padecen resequedad bucal crónica quizá sientan alivio chupando caramelos, mascando chicle o bebiendo sorbos frecuentes de agua o jugo de fruta. Anne Bosy, cofundadora de la Clínica para un Aliento Fresco, de Toronto, Canadá, recomienda la limonada, porque «realmente pone a funcionar las glándulas salivales».

Cepillarse los dientes puede quitar el mal aliento por resequedad bucal porque elimina muchas de las bacterias que despiden gases fétidos; el efecto es aún mejor si también se cepillan la lengua, el paladar y la superficie interior de las mejillas. La limpieza con hilo dental es indispensable, ya que desprende bacterias y restos de comida de entre los dientes.

Por sorprendente que parezca, los enjuagues bucales rara ves dan resultado. Es cierto que el aroma del líquido disimula el mal aliento, pero según un estudio de 15 marcas, el efecto dura cuando mucho una hora. (Ocurre prácticamente lo mismo con los caramelos de menta y los aerosoles para desodorizar la boca.) Algunos fabricantes de enjuagues afirman que sus productos matan las bacterias causantes de halitosis, El problema es que su efecto no siempre se extiende a todos los gérmenes indeseables.  La mayoría de las bacterias se protegen contra el efecto de los enjuagues bajo gruesas capas de placa dentobacteriana y moco. Los enjuagues que contienen alcohol (casi todos) pueden resecar la boca y agravar el problema.

Es lo que comió o dejó de comer. El ajo es una causa frecuente de halitosis. Una idea equivocada es que el mal aliento causado por él procede del estómago; en realidad no se produce sino hasta que los compuestos de azufre de este alimento pasan del tracto digestivo al torrente sanguíneo, y de allí a los pulmones, donde impregnan el aire que se exhala.

Cierto estudio reveló que el ajo puede comunicar su olor al aliento sin pasar siquiera por el estómago; bastó con frotar los pies de un niño de 12 años con un diente de ajo para que el olor le pasara a los poros y luego a los pulmones, lo cual le causó halitosis. La cebolla cruda, el curry y las bebidas alcohólicas también pueden afectar el aliento a través de la sangre. La halitosis relacionada con comer y beber no tiene remedio, salvo esperar a que se disipe el mal olor.

Sin embargo, puede ser útil acompañar las comidas con abundantes líquidos, como agua o té.

Si el ajo u otros alimentos de olor fuerte le afectan el aliento, cómalos con moderación o evítelos del todo. Poco se gana tratando de contrarrestar su efecto con antídotos como pastillas de menta, caramelos u hojas de perejil.

A quienes padecen una rara deficiencia metabólica llamada trímeti-laminuría (presencia de trimetila-mina en la orina), el huevo, ciertas variedades de frijol y otros alimentos ricos en colína pueden causarles una halitosis muy molesta.

La trimetilamina se forma en el intestino grueso por descomposición de la colina y luego, en condiciones normales, se convierte en una sustancia inodora por efecto de una enzima digestiva. Sin embargo, en las pocas personas que carecen de esa enzima, la mucha trimetilamina que queda sin convertir hace que el aliento, el sudor y la orina huelan a pescado.

Irónicamente, ponerse a dieta también puede favorecer la halitosis, no sólo por la resequedad bucal que a veces provoca, sino porque la grasa corporal acumulada, al consumirse, libera acetona, cuyo olor impregna el aliento. Si usted se pone a dieta, tenga especial cuidado con su higiene bucal y procure tomar líquidos en abundancia.

Desgraciadamente existen millones de personas que se esfuerzan en vano por remediar su problema. Por mucho que se limpien los dientes con cepillo e hilo dental, recurran a productos desodorantes y cuiden su alimentación, su mal aliento persiste todo el día, todos los días.

En estos casos, la halitosis presenta cierta tendencia hereditaria y puede convertirse en un serio obstáculo para el desarrollo personal. las personas que estan concientes de padecer  halitosis, frecuentemente miran mirar hacia otro lado para evitar que perciban su mal aliento

Hasta no hace mucho, los dentistas creían que la halitosis incurable era consecuencia de la periodontitis, enfermedad que se produce cuando la placa dentobacteriana crece hasta formar un sello entre las encías y los dientes, con lo que evita el paso del aire y crea el ambiente ideal para que se multipliquen las bacterias anaerobias. Estas no sólo explican el mal aliento que acompaña la periodontitis, sino que contribuyen a causar gingivitis, o enfermedad inflamatoria de las encías.

Sin embargo, una investigación ha revelado que muy pocas personas con mal aliento padecen gingivitis. Lo que ocurre en la mayoría de los casos es que ciertas bacterias productoras de compuestos sulfurados proliferan sin control en la base de la lengua, alojadas entre las diminutas vellosidades llamadas papilas filiformes y bajo una capa de moco y placa bacteriana. El cepillado normal no basta para desprenderlas totalmente.

Pero hoy en día los dentistas cuentan con medios para erradicar la flora indeseable de la’ base de la lengua. Marvin Cohén, odontólogo que abrió recientemente una clínica para el tratamiento de la halitosis, instruye a sus pacientes en el buen cepillado de la lengua. «Las papilas filiformes son como una alfombra de pelo largo», explica. «Hay que pasar el cepillo entre ellas y hasta el fondo». Una lengua limpia es color de rosa, añade. «Si está cubierta de una película blanquecina, quiere decir que en ella hay todavía millones de bacterias».

El olor de la enfermedad. La halitosis por resequedad bucal puede ser síntoma de muchas enfermedades. La sinusitis, por ejemplo, causa mal aliento porque la congestión nasal obliga al enfermo a respirar por la boca, con lo que esta se reseca y ofrece condiciones propicias para albergar bacterias. Además, algunas formas de sinusitis son causadas por bacterias que despiden gases sulfurados y, por ende, mal olor. Si un caso de sinusitis llega a este punto, requerirá tratamiento médico con antibióticos.

Algunas hernias híatales provocan una halitosis característica. Cuando la hernia consiste en una porción de estómago que penetra en la cavidad torácica, los jugos digestivos pueden subir por el esófago y comunicar su olor al aire que se exhala por la boca.

Entre otras causas de mal aliento están ciertos fármacos, como anti-histamínicos, descongestionantes, antidepresivos, tranquilizantes, diuréticos y antihipertensores, todos los cuales reducen la secreción de saliva y favorecen la multiplicación bacteriana en la boca.

Por último, algunas mujeres sufren halitosis antes de la menstruación. El problema quizá se deba a cierto cambio hormonal que hace aumentar el número de bacterias en la boca,  la solución está en extremar las medidas de higiene bucal.

«¿Tengo mal aliento?» Como la halitosis constituye una grave desventaja social, puede tener graves implicaciones emocionales y psicológicas. Algunas personas que la padecen exageran su importancia y llegan a considerarla peor de lo que es en realidad.  Los especialistas lo llaman «halitosis imaginaria» y lo clasifican dentro de las diversas formas de ansiedad depresiva.

No es fácil saber cuan malo es el propio aliento, ya que el olfato es un sentido muy adaptable. Cuando la nariz ha estado expuesta a un olor varios minutos, deja de percibirlo.

Una manera de averiguar si tiene usted mal aliento consiste en oler el hilo dental después de usarlo. Lo que perciba probablemente refleja la realidad. Pero la única manera de saberlo con certeza sin acudir a un profesional es pedirle prestado su olfato a otra persona. Pregúntele a su cónyuge qué piensa de su aliento (si es que aún no se lo ha dicho).

Sí queda confirmado que padece usted de halitosis, tal vez le convenga ponerse en manos de un médico o un dentista para tratarla. Pero anímese: lo bueno es que con un poco de esfuerzo podrá quitar el mal aliento.

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